carta
Renato.
El otro día, en la
mañana, Salí de mi casa a disfrutar un poco el agua de la playa, y hasta ahí
todo había salido bien, pero de repente,
un desfile de colores y fuego aparecieron en el cielo, terminando en un gran
colapso al aterrizar en el agua. Yo me llene de inmediato con curiosidad, y sin
temerle a la corriente me apresure a llegar a la misteriosa cosa que callo del cielo;
cuando al fin abrase a lo que probablemente sea lo mas radiactivo que he
sentido en mis delicados dedos, me entro una emoción y excitación que hasta
ahora no ah cesado. Y tu te preguntaras:” ¿que es lo que encontré?”. Prepárate.
Esto es lo más sorprendente que vas a leer proviniendo de una carta escrita por
mí. Lo que encontré fue… una carta.
Se que parece una
locura, pero es verdad; lo que encontré fue un recipiente de algún material
extraño, parecido al metal, pero no es metal; llame a mis contactos para que lo
analizaran y mis hipótesis fueron correctas, ¡no es metal! Es una material parecida al hueso o algo así. Pero bueno, mejor
no me desvió del tema. Lo importante del recipiente es lo que contenía, que…
aunque te parezca increíble y estúpido, era una carta, una carta de un
astronauta llamado pablo, el explica en la carta, que ha viajado por toda la
vía láctea buscando vida extraterrestre, y a pesar de encontrar una que otra
célula el consideraba su misión una perdida de su tiempo y que nunca
encontraría un simple ser vivo; eso pensaba hasta que un día, su nave se
descompuso y debió parar en el planeta mas cercano; el descendió en el planeta,
escurriéndose sobre las nubes, hasta llegar a la superficie, el no conto con toparse con pura y majestuosa
vida natural, lo que había estado buscado y lo que había anhelado durante tanto
tiempo yacía a sus pies. La felicidad lo tomo por sorpresa. El escribe, que
recorrió el majestuoso bosque, dando
brincos y sacando fotos a cada imponente rastro de vida; y por lo que pone,
estaba en medio de un gran bosque amarillo; quizás era otoño, quien sabe. Pero
lo importante es lo que dice casi al final de la carta; el pone que escucho
unos sonidos terribles, por lo que atravesó el bosque, tratando de hallar al
responsable; recorrió colinas y cerros, lagos y ríos, camino mas de diez
kilómetros hasta finalmente llegar a una gran civilización. Apuesto que crees
que era una primitiva civilización. Pues, si lo creíste, estas mal; la civilización que encontró, era
la mas formidable civilización que allá visto en su longeva vida. La naturaleza
y la tecnología conviviendo juntos, pero algo lo atemorizo, cuando estaba
contemplando tal majestuosa obra de arte, la tierra comenzó a temblar, una gran
ola verde se asomo para tapar el sol y la ola solida pero gelatinosa expulso
hediondos jugos espesos que cubrieron al pobre astronauta. La ola paso, y el
hombre se animo a merodear en la ciudad; la cual estaba debajo de una enorme
rama; un alíen o hombre de otro planeta, no especifica mucho ese punto, se le
acerco a ofrecerle sus servicios. El astronauta acepto agradecido. Lo mas raro
continua en la segunda pagina, la cual decía, que el hombre-alíen explicaba la
maravilla del planeta wenderstain, hogar de los bichos gigante; resulta que en
ese planeta, el primero en la pirámide alimenticia, son los caracoles; el
escribe que el planeta era sumamente gigante, y los mini hombres habían
evolucionado para protegerse de los seres de arriba. Han aprendido a conectarse
con la naturaleza y consiguieron un punto máximo de conocimiento; tanto así,
que saben las historias de esos seres. Te las mandaría, pero no puedo.
Bueno, eso fue lo
que paso el fin de semana. Saludos
Pd: ve al doctor
después de tocar esta carta.
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