Crónica
El suceso ocurrió en un momento en el que encontrar algo en llamas era de lo más normal, o por lo menos se entendía por qué estaba cubierto de fuego, es tal vez por esa razón que el hecho paso al montón, como una micro historia que se reduce a un acto muy arcaico, muy primitivo.
Fue hace dos
años; la inmensa cólera colectiva desatada en las calles que dejo en jaque al
estado y lo acorraló al punto de aceptar las demandas de la ciudadanía; guarda
tras de sí millones de historias, algunas pocas que llegaron a decorar las
portada de los diarios, pero otras solo se trasmitieron de boca en boca como
una anécdota descolocada de la realidad. Entre ellas está el bus que expulsaba llamas
y que vino de la nada alertando a todo un sector de Troncos Viejos en Villa
alemana.
Por el momento
los acontecimientos más vandálicos del estallido social se mantenían y solo se limitaban
a suceder en la capital, pero no tardaría en extenderse a todo el territorio
nacional. A plena luz del día grupos de
personas aprovechaban la conmoción y arrasaban con supermercados. Al mismo
tiempo que los bomberos tardaban en extinguir el fuego en el interior del bus, al
otro lado de la extensa calle, más de veinte personas forzaban una de las
panderetas del líder para poder ingresar y sacar todo lo que podían.
Yo me encontraba
entre una pequeña multitud que se había formado alrededor del espectáculo
flameante. Oí a la gente cuchichear, diversas opiniones que chocaban entre sí,
se generaban discusiones breves que no llegaban a nada, algunos afirmaban que no era más que un
montaje del gobierno, otros aseguraban que eran delincuentes, tal vez
encapuchados, pero nadie sabía en realidad de donde había salido el bus, o a
quien le pertenecía; explicaban que sujetos no identificados llegaron al lugar,
prendieron fuego al bus y huyeron.
La brigada de
bomberos se apresuró, ni siquiera pusieron un perímetro para alejar a la gente que se agrupaba, siguieron combatiendo
el fuego y al terminaran de apagarlo revisaron que no hubiera nadie adentro.
Mientras esto sucedía, dos de los civiles se encargaron de cerrar el paso automovilístico; esto para
evitar que se produjera otro accidente; solo en una ocasión removieron los
conos de la acera, y fue para darle el paso a carabineros que no tenía
intenciones de parar en el lugar, su destino era el líder vandalizado al otro
lado de la calle, ni siquiera se detuvieron a ver de reojo el bus carbonizado, a
toda velocidad condujeron sin siquiera preocupare de los peatones que
transitaban aun por la calle, menos mal el sonido de las sirenas hizo
reaccionar a todos a tiempo, a todos, menos a mí, que por querer fotografiar al
hombre de los conos por poco y termino arrollado por la furgoneta.
Al final, los carabineros
llegaron, alcanzaron a detener a dos de los veinte involucrados, que únicamente
traían unos chorizos, y la masa de personas se disipo.
Es posible que
todo este curioso acontecimiento parezca en lo absoluto banal, es probable,
quizás es/fue más que nada un acto delictivo en el que nunca se halló al culpable,
un saqueo rápido a un supermercado que no perdió nada en realidad, solo se
prestó para la ocasión a pesar de tomar ciertas medidas que obviamente fueron insuficientes;
luego del robo, insignificante, ese líder reforzó la seguridad, mejoro el sistema
de alarma, triplicó el concreto de las panderetas, adornó con mucho amor las
paredes; bordándolas con alambre de púas; y cerró para siempre una de las
entradas vehiculares. desde ese día nadie jamás ha pensado en robar, si
quiera, un insípido chorizo.
Luego de eso todos
los saqueos y revueltas sociales, manifestaciones, protestas y demás, en villa
alemana, solo tuvieron lugar en el centro, ahí se pueden extraer historias
terribles pero también hilarantes que solo algunos tuvieron el privilegio de
escuchar.
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